Leer a… Rafael Cansinos-Assens

Es habitual, no hay más que echar mano de la Historia para comprobarlo. Tres o cuatro nombres se graban con letras de oro en la memoria, pero como ésta tiene una capacidad de retentiva limitada, otros tantos se pierden. Por eso se habla de Antonio Machado y no de Manuel; por eso Romero Murube no es incluido en ninguna nómina de los poetas de su tiempo y a la memoria del modernismo se le arrebata a Francisco Villaespesa o Salvador Rueda o, en la actualidad, Julio Martínez Mesanza, Enrique García-Máiquez o José Mateos apenas si son mencionados en los grandes saraos de reparto de honores líricos a discreción. Por eso, Rafael Cansinos-Asséns parece condenado a un no consta perpetuo.

Rafael Cansinos-Assens                      (Foto: Wikimedia Commons)

Pero sucede también que la memoria es personal y por personal, caprichosa. Por eso, Manuel Machado está siendo poco a poco reivindicado, Romero Murube, revisitado y Mesanza, García-Máiquez o Mateos cuentan con unos lectores fidelísimos y tan fervorosos que acabaremos fundado una cofradía. Y lo mismo le sucederá, si es que acaso no sucede ya, con Rafael Cansinos-Assens.

Porque, quien quiera conocer la España del primer tercio del siglo XX, su ambiente cultural, su mundo y submundo literario, tiene que leer a Cansinos. Lo más famoso de su producción es su Novela de un literato, publicada por Alianza en tres tomos. A medio camino entre el diario, las memorias y el álbum de retratos, la Novela compila aquella España que no se explica, esa España en la que el periodista, además de plumilla, era ama de cría, asno de carga o matarife municipal a cargo del fondo de reptiles de alguna Administración, sin tener si quiera vocación de lactante, ni querencia por el yugo de tiro y aun con aversión por la sangre. Quienes hablan de la España en blanco y negro es que no han leído al autor sevillano. Assens colorea la Historia, saliéndose a veces -¡y cómo!- de las rayas que la misma Historia marca.

En el desfilar que Assens dispone, con un estilo particularísimo por su riqueza, por su vívida –y en ocasiones, maledicente- adjetivación, lo mismo puede verse a poetillas hampones y buscavidas, que vagabundean al tiempo, cafés, mecenazgos y hedónicos refocilios, como a vates ya venerables desde su juventud, como Antonio Machado. Lo mismo, el trueno anticlerical de El Motín y su director, José Nakéns (sí, el mismo que fue condenado por facilitar la huida de Mateo Morral, tras el atentando contra Alfonso XIII y su esposa),  las procaces borracheras de Mariano de Cavia y su “cierta inclinación a los efebos”, las pías páginas del ABC de Don Torcuato Luca de Tena, que entre laudes y vísperas se deshacía con una querida en un piso céntrico de Madrid o el anarquismo aspaventero de Camba, renqueante desde que conoció la comodidad del Hotel Palace.

Podrán sacársele defectos a la Novela de Cansinos (como la parcialidad, no exenta de mordacidad, en su reconstrucción de los personajes, que invita a no dar crédito a alguno de sus retratos; a fin de cuentas, todas las memorias tienen algo de ajuste de cuentas), pero no podrá decirse que es aburrido; cada página depara una sorpresa nueva, una boutade o una honda reflexión, lo mismo parece darle al autor.

Sin embargo, Assens es más, bastante más, que su casi famosa Novela. Fue, por ejemplo, un prolífico traductor (el escritor francés, Max Nordau, le eligió para que tradujera su obra al español), un fino crítico literario, tanto en prensa (en especial en La Correspondencia de España y en El Liberal) como en ensayos (Los temas literarios y su interpretación es especialmente relevante). Escribió también novelas, como El Movimiento V.P., probablemente el relato más mordaz e irónico de las vanguardias españolas, hilvanado por un estilo tan directo como ameno y de un registro lingüístico de fronteras tan amplias como no puede encontrarse hoy. Desde muy joven descolló como erudito, con íntima querencia por los temas judaicos (no en vano, fue de los primeros defensores de la causa sefardita). Pero la de poeta fue su primerísima vocación y aunque publicó sólo un poemario, siguió siéndolo durante el resto de su vida.

El libro de poemas se tituló El candelabro de los siente brazos (psalmos), un conjunto de prosas líricas dispuestas según las letras del alfabeto hebreo y hondamente unidas al Salterio, el apartado inicial de la tercera parte del Tanaj hebreo, en el que se contienen las alabanzas a Dios. Este es, sin duda, uno de los títulos más complejos de Assens. A diferencia de su narrativa, como la Novela o Bohemia o incluso su biografía de Mahoma, los psalmos que conforman El Candelabro son literatura de una hondura, de una imaginación y de una sensibilidad por momentos inasequibles para el lector, pero con esa hermosura que, aun abstracta, arrebata y remueve. Tan es así, que sus lectores los guardan con celo en su memoria, que apenas son compartidos como tantos otros poemas, sino que constituyen una suerte de corpus esotérico accesible para los ya iniciados. Pero ese aire de catacumba y misterio, redoblan la belleza arrobadora, el tronar de gozo que al lector le recorre al leerlo. Por eso, aunque constituyan un reto incluso para el lector habitual, merece la pena asomarse a los brazos de ese candelabro luminoso. [Aquí, una breve muestra de los psalmos]

Y si el argumento de autoridad, que tan mala conciencia parece despertar hoy, no ha sido desterrado del todo, cabe señalar que Jorge Luis Borges consideró siempre a Cansinos como a un genio y su maestro.

 

Rafael Cansinos Assens, por Jorge Luis Borges

La imagen de aquel pueblo lapidado

y execrado, inmortal en su agonía,

en las negras vigilias lo atraía

con una suerte de terror sagrado.

Bebió como quien bebe un hondo vino

los Psalmos y el Cantar de la Escritura

y sintió que era suya esa dulzura

y sintió que era suyo aquel destino.

Lo llamaba Israel. Íntimamente

la oyó Cansinos como oyó el profeta

en la secreta cumbre la secreta

voz del Señor desde la zarza ardiente.

Acompáñeme siempre su memoria;

las otras cosas las dirá la gloria.

 

Para más información sobre Cansinos-Assenos: Fundación-Archivo Rafael Cansinos-Assens

Álvaro Petit Zarzalejos
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