De “El candelabro de los siete brazos”

 

Alef

Cuando pienso lo que he querido ser y lo que soy, el llanto hincha las venas de mi garganta, y mil sueños malogrados gritan como víctimas dentro de mí.

¡Oh, el corazón de un hombre que ha pasado de la juventud es semejante al de un asesino!

Con la conciencia turbada, recuerdo los años que pasaron; los sueños malogrados 
claman dentro de mí como víctimas amordazadas, y la juventud pura y resplandeciente, se alza ante mis ojos como una virgen abandonada, silenciosa y patética.

¡Oh, el corazón del hombre que ha pasado de la juventud, es semejante al de un malhechor!

* * * * *

Alef

    

Cuando te veo, ¡oh corazón!, en medio de la gente, entre mujeres desfloradas y 
amigos maduros, siento una lacrimosa ternura.

¡Oh corazón! Tú eres también entre ellos como una mujer desflorada y tú también 
has perdido la blancura de tus mejillas y la pureza de tu juventud.

Tú también tienes hoy una cara borrosa y un cuerpo fatigado; y entre los hombres maduros reposas, ávido de paz.

* * * * *

Dalet

    

A través de la vida, ¡oh hombres!, he abordado la región desolada en que el tiempo es como una vasta estepa; en que el tiempo es como una gran laguna desecada.

La región desolada, en que los recuerdos doblan su cuello con la gracia de las colinas 
y la vida es como una gran llanura, lisa e infinita.

He abordado, ¡oh hombres!, la región desolada, en que los hombres ya formados, terriblemente completos, 
deben reposar extáticos ya, como pirámides.

* * * * *

Guimel

Con los pies torpes aún del sueño, con el alma aún velada por las tinieblas que en el sueño se acumulan, he intentado alargar mi paseo por las calles con aire juvenil. Y he marchado
tras las muchachas jóvenes, para alegrar mi corazón.

Pero tras de sus pasos ligeros me he sentido tan cansado y me he sentido tan extraño a ellas, con mi corazón amargo 
de experiencia, que bien pronto las he dejado perderse entre la multitud y he seguido yo solo mi camino.

Y he vagado, sin rumbo y sin objeto, ante los reverberos, viendo pasar ante mí la vida, 
la vida lejana y esquiva, la vida que se aleja para siempre del hombre que ya perdió su juventud y duerme en pleno día.

* * * * *

He

    

También a ti la vida te ha cogido entre sus fuertes brazos, y entre sus fuertes brazos 
te ha estrujado.

También a ti la vida te ha seducido con sus grandes senos, y sobre sus grandes senos 
te ha doblado tu cuello y ha hecho desflorarse tus labios.

También a ti la vida, ¡oh corazón!, como a cualquier otro, te ha puesto sobre su falda 
y te ha reblandecido con sus besos y te ha dislocado en el torno de sus caderas.

* * * * *

Tet

    

¡Mis labios se han cansado de contar y todavía sigue girando el huso! Aún no se 
han acabado los días y ya se ha acabado mi deseo y antes que el sol, se ha puesto la 
alegría en mi corazón.

Semejante al corcel que se fatiga antes de dar una vuelta completa en el estadio; semejante al que se embriaga aun antes de vaciar su copa; como el uno y el otro, 
así es mi corazón.

Yo amaba el sol y el alba, y entre todas las cosas, amaba mis dos ojos: yo amaba 
la vida más que todo. ¡Oh, cómo ha sido esto! ¡Yo amo la noche y el sueño, y más que todo, amo a la Muerte!

 

Fuente: El candelabro de los siete brazos (Ed. Alianza)

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Álvaro Petit Zarzalejos
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