Entrevista en “Poemas del Alma”

La periodista Vero Gudiña me invitó a participar en su ‘tweet-entrevista’ para el portal poético, Poemas del Alma. Y este es el resultado:

En el Premio Adonáis conseguiste un accésit que te permite tener tu obra publicada y cumplir así “el sueño de todo poeta”, tal como expresaste. ¿Qué reconocimiento o respaldo te falta para considerarte cien por ciento satisfecho como autor?
– El “sueño de todo poeta”, creo yo, es publicar en la colección Adonáis -era el mío, al menos-, sin la que no puede entenderse la poesía contemporánea española. Con poder escribir y que alguien te lea es reconocimiento más que suficiente. Aunque a nadie le amarga un dulce.
Escribir, en tu caso, ¿con qué motivaciones y buscando qué objetivo?
– Pues no lo tengo claro. La reflexión y la contemplación te diría que son mis ‘motivos’ principales; querer preñar el silencio (¡ay, qué cursilada!). ¿Y objetivo? Supongo que lograr algo de luz. Y si dan tus poemas con un espíritu afín, pues mejor.
Con claridad mental desarrollaste “La senda oscura”: ¿Cuáles son las luces y las sombras que marcan tu actividad literaria?
– Las luces como poeta las encuentro siempre en otros: en Julio Martínez Mesanza, mi maestro, o en Enrique García-Máiquez, un poeta luminoso como pocos. En cuanto a sombras, pocas: las he conocido en el ‘mundo literario’, que es un no-se-qué del que huí despavorido.
Iniciar un texto, ¿te resulta más sencillo o más complejo que darlo por concluido? ¿Razones?
– ¡Darlo por terminado, sin duda! Aunque puede empezarse y terminarse un poema en el acto, lo normal es que haya que revisitar lo escrito para afinar detalles… Escribir poesía está más cerca de la artesanía que del arrebato o de la posesión de una musa, como creía Platón.
“Cuando los labios fueron alas” es un título que lleva a pensar en la fuerza ilimitada de la imaginación, en la libertad y en el poder de expresión. ¿Alguna vez te sentiste condicionado o tuviste que apelar a la autocensura al escribir?
– Ni condicionado ni autocensurado. Escribo lo que me da la gana. Publicar es otra historia; publico lo que me aconseja el pudor, que es una virtud hermosísima y que hoy parece proscrita.

 

“Publico lo que me aconseja el pudor”

Álvaro Petit Zarzalejos
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