Machado en la prensa: los donaires y sentencias de Juan de Mairena

A Antonio Machado podemos encontrarlo en la prensa desde 1983, iniciando su camino literario con sus colaboraciones periodísticas en el semanario La Caricatura de Madrid, en el que firmaba con el seudónimo de Cabellera. Sus prosas de Juan de Mairena supondrán, por lo tanto, la culminación de la obra periodística de Machado.

A finales del mes de octube de 1934 se fundaba el Daiario de Madrid, bajo la inspiración de José Ortega y Gasset y la dirección de Fernando García Vela, que en su publicidad se definía como un  un periódico “nacional, republicano, independiente, moderno, desde luego, en su aspecto y confección, pero sobre todo en sus ideas y posiciones políticas, que no se detendrán en el dilema de extremismos, en el que parece presa la vida pública española”. Y que, además de todo y sobre todo, acogería por primera vez a Juan de Mairena, el apócrifo de Antonio Machado con el que el poeta inauguraría una nueva etapa de su existencia literaria.

Machado asume la prensa como medio de transmisión. Una vez a la semana, su “apócrifo profesor” aparecería en las páginas del Diario de Madrid.  Unos apuntes ágiles y bienhumorados, desbordantes de hondura, que en 1935 trasladó a El Sol, un periódico fundado años antes por un grupo encabezado por Nicolás María Urgoiti que, por los avates políticos y económicos de aquellos años de entre el final de la Restauración y la instauración de la II República, acabó en manos de Luis Miquel, conectado con Azaña, que en el 32 crearía el llamado trsut de la prensa, controlando El Sol, Luz y La Voz. Un conglomerado de medios que le duraría poco. Perdió El Sol por edicto judicial y la nueva empresa puso en la dirección a Fernando García Vela – antiguo director de Diario de Madrid – , fiel colaborador de Ortega y Gasset, y que se llevó consigo a Machado-Mairena.

Mantuvo el poeta sevillano su columna maireniana en El Sol hasta el 28 de junio de 1936: entonces, las cicuenta entregas quedaron reunidas en un libro: Juan de Mairena (Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo), cuya primera edición editaría Espasa-Calpe. Un libro que por la Guerra Civil no fue bien distribuido ni debidamente leído. Pero que supone un cúlmen en la obra en prosa de Machado.

Fiel al espiritu de su generación, Machado no se desentendió de la vida pública española. De hecho, fue diputado durante un breve espacio de tiempo. Su campo, su espacio natural era la letra y para alcanzar esa regeneración del país que los del 98 tanto ansiaban, Machado, como ya vio Ortega y Gasset, encontró en la prensa su cauce natural. Un medio de expresión que exige ritmos, claridad y sencillez. Un medio que, ateniéndonos a la poesía machadiana, el poeta asumirá no sólo de buen grado, sino marcando uno de los hitos – poco reconocidos, todo sea dicho – de la literatura periodística. Porque su Mairena es eso: un hito.

Obra maireniana, obra periodística

Anteriormente he adjetivado la obra de Machado como periodística y lo he hecho a sabiendas de lo que escribo, ya que en el Mairena de Machado no sólo se concitan reflexiones, “donaires” o “sentencias”,  sino que el poeta asume el lenguaje periodístico – sencillez, clariad y concisión –, un lenguaje en el que se filtraba, como una presencia auxiliadora, el verso. Quien es poeta difícilmente podrá ocultarlo. El verso de Machado no es ni quiere ser origianl en cuanto a estilo, sino que lo dota de originalidad en el trasfondo, en los temas.  Sin embargo, las prosas de Mairena se descubren como una novedad radical por su sencillez.

“Lo corriente en el hombre es la tendencia a creer verdadero cuanto le reporta alguna utilidad”, escribe Mairena. Una de las muchas sentencias que conforman la obra y en las que aparece vivamente reflejado, el pensamiento de Machado, más claro aún que como podemos leerlo en su poesía. Machado toma su posición de librepensador y la lleva hasta sus últimas consecuencias; para él, no hay constancia de que el pensamiento sea libre per se, lo que obliga a remover sus propias raices para que alcance esa libertad, tan supuesta iempre y tantas veces irreal. Y en parte, ese vareo de las raíces del pensamiento lo hará Machado a través de Mairena.

Así, encontramos un profundo interés del apócrifo profesor por el cristianismo, un interés que aparece sazonado, curiosamente, por una aversión hacia el Antiguo Testamento. Machado, que desde su etapa en Segovia había tomado la Biblia como una lectura recurrente, considera que el sentimiento racial del pueblo elegido tenía tintes de orgullo de ganadero. Ingenioso él, Mairena conecta esta idea con el materialismo en la figura de Marx.

Políticamente, Mairena, alejado del reinado de la burguesía, asume el socialismo como tendencia sobre la que constuir un orden sustentado más en el trabajo que en la propiedad, pero sin caer en la idolatría de aquel. Machado-Mairena tendrá cierto aire populista y romántico en su pensamiento social, tan propio de la Institución Libre de Enseñanza, y que se ve enhebrado por su interés por el folklore andaluz.

Reivindicar a Machado para el periodismo sería sin duda, absurdo. Igual que lo sería si se hiciese para cualquier otro oficio. Machado era, ante todo y como lo demuestra su Mairena, un humanista, hombre de su tiempo que, como otros de la Generación del 98, encontró en la prensa otra forma de expresión. Sin embargo, lo que no sería descabellado es reclamar la obra maireniana como obra periodística y así lo hacemos. Para ello, quedan estas breves líneas.

Y una reflexión final que dejo para el lector: ¿sería posible hoy encontrarnos un Mairena en la prensa?, ¿habría quién lo escribiera? y sobre todo, ¿habría periódico que lo acogiera?

Otrosí: Al lector interesado, recomiendo la edición del Juan de Mairena realizada por José María Valverde en la que se incluye su introducción, fuente pricnipal de este texto. Quizá algo difícil de encontrar, pero sin duda, la mejor.

Álvaro Petit Zarzalejos
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